Buscando un lugar polifacético y con encanto me encontré con esto, los canales de Navigli. Los canales milaneses ofrecen un lugar especial que recuerdan al Milán de los años 30, con las típicas casas de piedra cubiertas por balcones, las chirriantes puertas de madera, los mercadillos y las lavanderas.
Es un placer pasear por allí, coger las bicis, atravesar el río con un barquito o sentarte en una de sus típicas terrazas italianas a tomar un capuccino.
Se trata de uno de los lugares de moda, cada noche ofrece un fascinante ambiente lleno de música y diversión. Te aconsejo el Cuore, uno de los clubs más "chic" de la zona, donde tomar un cóctel frente al canal.
No puedes olvidar ver los dos lugares más importantes de la zona; la Chiesa di San Cristoforo y el Vicolo delle lavandaie (Callejón de las lavanderas), este último es bastante curioso, se usó hasta hace apenas unos años para lavar la ropa a mano frotando contra las piedras.
Si continúas el canal hacia adelante encontrarás el Naviglio Pavese, un canal un poco más intimo y pequeño que el anterior.
Los sábados encontrarás un mercadillo de gastronomía regional, libros, curiosidades... Y el último domingo de cada mes podrás disfrutar de un mercadillo de antigüedades en la orilla de los canales.
Dejando atrás los canales podrás ver el arco de Ticino y muy cerquita también la Basílica di Sant'Eustorgio, esto sí que se trata de una curiosidad que ni los propios milaneses conocen. Esta Basílica es tan curiosa porque cuenta la leyenda que en su día albergaban los restos de los Reyes Magos, sí sí los de Oriente, los del portal de Belén.
¡Prepárate ya para descubrir los secretos de Milán!





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